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Los 25 mejores discos internacionales de 2025

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Mejores Discos Internacionales
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2025 ha sido ese año en el que la música internacional ha decidido no ponerse de acuerdo ni para discutir. El rock ha vuelto a presentarse sin avisar, el pop ha aprendido a ser raro sin pedir perdón, y el underground —ese que siempre promete “yo no estoy aquí por la industria”— ha acabado firmando algunos de los discos más comentados. Hay álbumes que te entran como un mensaje a las 3:17 y otros que te exigen sentarte como si fueras a ver cine iraní: sin móvil, sin prisa y con una leve sensación de que igual sales distinto. Estos son, para Corrientes Circulares, los 25 que mejor explican el 2025 fuera de casa. No por “importancia histórica” (que eso lo decida el futuro), sino por algo más simple, porque cuando se acabaron, nos quedamos con ganas de volver a empezar.

 

Los 25 mejores discos internacionales de 2025:

 

1. Suede – Antidepressants

Suede suenan como una banda que todavía cree en el dramatismo, y menos mal. No es nostalgia, es oficio, guitarras tensas, melodías con hambre y Brett Anderson cantando como si cada frase pudiera ser la última. Es directo, áspero y con ese romanticismo oscuro que sigue funcionando cuando se hace con convicción.

 

 

2. Pulp – More

Pulp regresan como vuelven las buenas costumbres: con clase y con mala leche, que es lo que toca. Jarvis Cocker canta como si tuviera el mundo en el bolsillo, pero lo mira con esa ironía de quien ya ha visto demasiadas cosas para fingir inocencia. No es un “comeback”, es un disco que suena a presente, elegante, narrativo y muy vivo.

 

 

3. Geese – Getting Killed

Geese hacen el truco difícil, sonar como una banda que se está cayendo por las escaleras… pero aterrizar de pie. Hay canciones que parecen escritas con rotulador en una pared del metro, giros que no avisan y un frontman que canta como si estuviera contando un secreto a medias. Es un disco con nervio, con humor y con ese punto de “¿esto está permitido?” que da mucha vida. Una de las grandes sorpresas del año.

 

 

4. Wet Leg – Moisturizer

Wet Leg han entendido que el éxito no se “gestiona” y contestan con un disco más musculado, más afilado, pero sin perder la gracia ni el veneno. Hay sarcasmo, deseo, riffs que se te quedan pegados y un encanto muy suyo… Parecen estar riéndose de todo, incluso cuando se lo toman en serio.

 

 

5. Turnstile – Never Enough

Turnstile ya no juega a ser “la banda del momento”, ahora suena a banda que manda. Mantienen el pulso físico, la electricidad y la adrenalina, pero todo aparece mejor colocado, más pensado, menos impulsivo y más brillante. Es ese tipo de álbum que no solo te activa, te convence de que la energía puede ser un lenguaje serio.

 

 

6. Blood Orange – Essex Honey

Dev Hynes firma uno de esos álbumes que huelen a recuerdo bien guardado, suave por fuera, denso por dentro. Es un disco de detalles pequeños —una frase, un giro armónico, una textura— que acaban haciendo un mundo entero. Nada está subrayado, nada busca el golpe fácil. Es elegante, íntimo y, cuando te das cuenta, ya te ha desmontado con delicadeza.

 

 

7. Nation of Language – Dance Called Memory

Si existe la nostalgia bien vestida, Nation of Language la llevan planchada. Sintetizadores que brillan como neón mojado, melodías con filo y un romanticismo que no cae en drama, sino en obsesión bonita. Es el tipo de álbum que te hace caminar más rápido sin saber por qué, como si fueras tarde a una cita que no quieres perder.

 

 

8. Parcels – Loved

Parcels vuelven a ese punto exacto donde el groove parece una forma de educación sentimental. Todo suena pulido, pero no frío, ahora hay calor de banda tocando junta, estribillos que entran como una sonrisa y esa sensación de “esto podría durar horas” sin cansar. Un disco que no pide atención, directamente te la roba. Y te engancha.

 

 

9. Sam Fender – People Watching

Sam Fender escribe como si tuviera prisa por contarte la verdad antes de que se le pase el valor. Hay guitarras con brillo de estadio, sí, pero lo que pesa aquí son los detalles, la mirada de barrio, la culpa cotidiana, la épica sin maquillaje. Un disco que suena grande sin ponerse chulo, como quien levanta la voz solo porque no le queda otra.

 

 

10. Bad Bunny – DeBÍ TIRAR MáS FOToS

Bad Bunny hace algo interesante, baja del pedestal y se sienta en el barrio. El disco se mueve entre la fiesta y la memoria, entre lo cotidiano y lo político sin volverse sermón. Tiene ritmo, sí, pero también retrato, contexto y un Benito más consciente de lo que significa representar un lugar cuando el mundo entero te está mirando.

 

 

11. Franz Ferdinand – The Human Fear

Franz Ferdinand siguen teniendo ese don raro de sonar divertidos sin parecer tontos. Aquí vuelven con canciones que pican, líneas que se te quedan y ese punto de banda que todavía entiende el rock como algo que se baila, no como un museo. No reinventan la rueda pero la hacen girar con estilo, el suyo, y eso es lo que importa.

 

 

12. Wolf Alice – The Clearing

Wolf Alice giran el volante y no se estrellan, aterrizan en un territorio más clásico, más de canción grande, más de voz al frente. Ellie Rowsell brilla sin necesidad de gritar, y el grupo demuestra que también puede ser ambicioso desde la contención. Es un disco de cambio, pero no de disfraz y por eso se nota que lo han decidido de verdad.

 

 

13. Florence + The Machine – Everybody Scream

Florence Welch convierte la catarsis en arquitectura a través de canciones enormes, emoción sin vergüenza y una teatralidad que, cuando está bien hecha, no es exceso, es identidad. Aquí hay supervivencia, mística, cultura pop y esa forma suya de cantar como si estuviera invocando algo. No es para escuchar de fondo, es para entrar y quedarse una temporada a vivir.

 

 

14. Bon Iver – SABLE, fABLE

Justin Vernon decide abrir ventanas. Hay canciones que parecen hechas para volver a confiar en algo, aunque sea en una tarde tranquila. El disco se siente más cálido, menos encriptado, como si hubiera renunciado a esconderse detrás de sus propios trucos. Y aun así conserva ese misterio y la sensación de que cada tema guarda algo que no te va a contar a la primera. Tienes que descubrirlo.

 

 

15. Little Simz – Lotus

Simz no necesita ponerse épica para sonar gigante, solo le basta con decirlo bien. Lotus tiene fuerza, pero también tiempo para respirar, para jugar, para abrir puertas sonoras sin perder el control. Es un disco que mezcla contundencia y vulnerabilidad con una naturalidad que pocos pueden permitirse sin caer en el drama.

 

 

16. FKA twigs – EUSEXUA

Twigs no hace discos, directamente diseña estados. Aquí suena corporal, sensorial, futurista sin postureo y vulnerable sin pedir disculpas. Es un álbum que se entiende mejor cuando dejas de “analizarlo” y lo dejas actuar, como si fuese una experiencia física. Y ahí, cuando te rindes, aparece la magia.

 

 

17. Ethel Cain – Willoughby Tucker, I’ll Always Love You

Ethel Cain vuelve a ese sur imaginado donde el amor siempre llega tarde y la memoria tiene polvo en las esquinas, ¿te suena esa historia? Aquí hay más luz que antes, pero no es una luz alegre, es la claridad de mirar atrás sin mentirte. El disco avanza con una calma inquietante, como un coche por una carretera vacía, y te deja con esa nostalgia rara que no sabes si es bonita o peligrosa.

 

 

18. Miles Kane – Sunlight In The Shadows

Miles Kane firma un disco con encanto de traje bien cortado mediante guitarras con brillo, melodías de las que se tararean sin querer y ese aire británico de “me importa todo lo justo”. Suena a carretera corta, a tarde larga y a esa clase de canciones que arreglan el humor sin que tengas que confesárselo a nadie.

 

 

19. Sabrina Carpenter – Man’s Best Friend

Sabrina juega en la liga del pop con bisturí y, mientras lo hace, todo parece ligero hasta que te das cuenta de que te ha soltado un comentario venenoso con una sonrisa perfecta. Hay hits, hay pulso, hay oficio y una inteligencia mordaz que convierte cada guiño en munición. Un disco que entretiene mucho… y luego te deja pensando, que es el truco bueno.

 

 

20. Maruja – Pain To Power

Este disco suena a tensión social con amplificador. Maruja mezclan rabia, músculo, saxos que parecen sirenas y una sensación constante de urgencia. No inventan la pólvora, pero la usan bien y te arrastran, te aprietan, te sueltan y vuelven a apretar. Es música con pulso, con calle y con intención.

 

 

21. Oklou – choke enough

Oklou hace pop como quien hace atmósfera y todo flota, todo brilla raro, nada se impone. El disco tiene un punto onírico, pero no es música “etérea” de catálogo, aquí hay ideas, hay melodías, hay un sentido de diseño sonoro muy fino. Es de esos álbumes que te acompañan y, sin darte cuenta, te cambian el ánimo.

 

 

22. Yungblud – Idols

Yungblud hace un disco que no intenta caer bien, intenta sonar como él cuando se le va la olla, en el mejor sentido. Hay dramatismo, sudor, coros de gritar en coche y una necesidad casi física de desahogarse. Puede ser excesivo, claro, pero a estas alturas el exceso también es una postura honesta.

 

 

23. Perfume Genius – Glory

Perfume Genius siempre ha tenido esa habilidad de cantar bonito algo que, en realidad, da miedo. Glory vuelve a moverse entre lo delicado y lo inquietante, con canciones que parecen normales hasta que te das cuenta de que te están rompiendo por dentro. Es un disco muy suyo, íntimo, extraño, precioso y con sombra.

 

 

24. Car Seat Headrest – The Scholars

Will Toledo decide ir a lo grande y te lo plantea como quien te ofrece una novela en la que “si entras, entra bien”. Es largo, sí, pero no por capricho, hay un mundo dentro, personajes, cambios, obsesiones y esa sensación de estar viendo a alguien intentar algo demasiado ambicioso… y conseguirlo a ratos de forma espectacular.

 

 

25. Lorde – Virgin

Lorde se mira al espejo y no aparta la vista. Virgin tiene ese tipo de confesión que no busca empatía barata, sino honestidad con filo. Hay pop, claro, pero no como decoración, sino como herramienta para ordenar un caos íntimo. Es un disco de exposición, de familia, de heridas, y aun así mantiene esa elegancia fría que siempre la ha distinguido.