“Poquita fe”, tercer adelanto del próximo álbum de Ángel Stanich, arranca como una aparición extraña en mitad de un martes cualquiera: un ángel que habla, un tipo en modo avión, y ese humor torcido marca de la casa que convierte la apatía diaria en un cuento moral disfrazado de chiste privado. La canción llega después de “Os traigo amor” y “He ido más allá”, completando un tríptico donde el músico vuelve a demostrar que no necesita lógica para contarte la verdad. Basta un diálogo improbable para que asome la parábola generacional: la resignación cómoda, la rutina que anestesia, la vida que se reduce a “bah, me da igual”.
Musicalmente, Stanich juega y sorprende. El single abraza un synth-pop/New Wave bailable, rápido y luminoso, que funciona como cómic animado entre dos referencias televisivas, José Ramón, el antihéroe de “Poquita fe”, y Michael Landon en “Autopista hacia el cielo”. El resultado es tan improbable como efectivo, con una mezcla entre costumbrismo depresivo y celestialidad kitsch. Y como siempre, las letras viajan sin frenos: Morgan Freeman, El Colacao, Miyazaki, J’hayber… su Delorean emocional recoge migas pop para construir un retrato tan absurdo como certero de un país que se ríe de sí mismo porque, si no, no sabría qué hacer. En esa ironía cabe también la crítica a una sociedad exhausta, atrapada entre el desánimo y el autoengaño. Al final todo es muy fácil, cae la base synth-pop y ya estamos dentro del universo Stanich sin tiempo para pestañear.
El desenlace devuelve el single al punto de partida, ese ángel que intenta salvar a quien no quiere ser salvado. “Poquita fe” acaba como empezó, recordándonos que la apatía es adictiva y que incluso los milagros se estrellan contra la rutina. Stanich no ofrece respuestas, lo que ofrece es un espejo divertido, incómodo y peligrosamente real. Dale al play:



