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Canciones Que Dan Cosica: «Yo pensaba que me había tocado Dios» de Barry B ft Carolina Durante

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Barry B y Carolina Durante interpretando “Yo pensaba que me había tocado Dios”
Barry B y Carolina Durante interpretando “Yo pensaba que me había tocado Dios”
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El éxito de “Yo pensaba que me había tocado Dios” es un tsunami que crece poco a poco, hasta que un día descubres que huyes más de ti que de las luces de la policía y, de repente, estás cantándola con amigos, desconocidos o con tu persona favorita del mundo como si llevaras toda la vida esperando ese momento. Como si estuvieras, yo qué sé, en la plaza de toros de Murcia o en la Yesería y fuera el último tema del mundo que ibais a cantar juntos. Y quizá lo fue.

Lo cierto es que Barry B está construyendo algo muy serio. Mezcla rock, pop y urbano con una naturalidad que parece accidental, pero no lo es. Se nota que pelea por su fajo y, con cada canción, amplía el territorio, y esta, directamente, lo confirma como uno de los nombres más interesantes de la nueva escena alternativa española. Tiene algo difícil de explicar; llamémoslo carisma.

La colaboración con Carolina Durante es todo un encuentro generacional. La desolación eléctrica de la banda madrileña encaja con la sensibilidad de Barry B como si siempre hubieran estado en la misma canción esperando coincidir, y el resultado provoca un gigantesco estallido. Saltos, pogos, gritos, sonrisas enormes y esa sensación infantil de que el mundo se detiene y todo parece tener sentido. Incluso lo que no lo tiene. Como cuando me piensas, luego existo. Y mientras, la letra habla de vacío, de huida, de esa educación sentimental absurda que nos enseñó a salir a buscarte (al final nunca es tarde)… aparece la frase que convierte la canción en algo más que un single: pensar que eres inmortal hasta el día en que te conocí.

La grandeza de la canción está en esa contradicción. Es triste y eufórica al mismo tiempo. Desesperada y luminosa. Un tema sobre perder el control que termina convertido en celebración. Y aunque dicen que todo es casualidad, funciona precisamente por eso. Porque cuando suena sonríes sin darte cuenta. Y vuelves al concierto. Estás allí otra vez y piensas que quizá no fue la última vez, que ahora estás y no te has ido y te agarras con la misma fuerza con la que prefieres morir mañana a vivir mil años sin conocerte. Y eso, aunque dure solo 3 minutos y 26 segundos, es suficiente. Dale al play: