Zenttric fue uno de esos grupos que aparecieron en la escena musical como quien se cuela en una boda: sin invitación, con pinta de pasarlo bien y con más ganas de barra libre que de formalismos. ‘Solo quiero bailar’ fue su carta de presentación y, aunque lo petaron en su momento, hoy el tema huele a resaca de domingo por la mañana y a reflexiones tardías entre vasos de tubo y luces de neón. La canción, con ese estribillo que repite ‘solo quiero bailar’ como si fuera un exorcismo emocional, nos cuenta la historia de alguien que ha decidido dejar de mendigar cariño por WhatsApp y ha optado por hacer lo único sensato en esta vida: perrear (aunque sea en sentido figurado). Porque cuando ya no te quieren, no hay mejor terapia que perder la dignidad al ritmo de una base pop-rock con destellos electrónicos.
Zenttric lo tenía todo para ser la banda sonora del indie millennial: un vocalista con actitud, unas guitarras britpop sin complejos, un bajo que llevaba la fiesta en las venas y un batería que parecía haber nacido con metrónomo en vez de corazón. ‘Solo quiero bailar’ se publicó en 2009, en un momento en el que el indie aún era indie, Facebook era cool y MySpace seguía siendo el LinkedIn de los músicos. El tema lo petó tanto que llegó a ser nominado a los Premios 40 Principales, a sonar hasta en los taxis y a ser telonero de los Rolling Stones, lo cual, sinceramente, es como si te dejara tu ex y te consolara Brad Pitt. Encima, el videoclip tenía la estética justa entre el videoclip que rodarías tú con tus colegas en una tarde tonta y una pieza lo suficientemente decente como para colarse en Sol Música sin que nadie frunciera el ceño.
La letra de la canción es una oda al ghosting emocional: “si no vas a venir, avísame pronto que yo quiero bailar”. O lo que es lo mismo, “mira, no me líes más, que tengo un par de copas de más y el cuerpo me pide reguetón, aunque lo niegue delante de mis amigos indies”. Porque sí, Zenttric era de esos grupos que, sin renunciar a su rollo alternativo, sabían perfectamente cómo hacer que la peña dejara la copa en la barra y se lanzara a la pista como si no hubiera un mañana. Y ahí está el truco: no hacía falta entender demasiado. Solo hacía falta un poquito de despecho, una pizca de drama y una melodía que se te quedaba pegada como el olor a tabaco en un bar de los de antes.
Pero claro, como suele pasar con las historias bonitas, esto también tuvo fecha de caducidad. Después de tres discos y varios temazos que no llegaron al nivel de ‘Solo quiero bailar’ (pero, seamos sinceros, ¿qué podía superar ese himno generacional de las rupturas sin lágrimas?), Zenttric acabó aparcando el proyecto. Algunos miembros del grupo siguieron con sus vidas, otros con otros grupos, y todos, con toda probabilidad, bailando de vez en cuando su mayor éxito en bodas, garitos de indie viejuno y alguna que otra fiesta en la que alguien decide rescatar Spotify en modo nostalgia.
A nivel musical, ‘Solo quiero bailar’ es más simple que el mecanismo de un botijo, pero precisamente ahí reside su encanto. Una melodía contagiosa, una letra que entra a la primera escucha, y ese aura de “yo también pasé por eso” que convierte una canción en un clásico de barra de bar. Zenttric no pretendía ser Radiohead, y menos mal, porque si alguien hubiese sacado esta canción con pretensiones de Nobel de Literatura, lo mismo habríamos tenido que esconder los Premios Nacionales de Música. Pero no, ellos sabían a lo que venían: a sonar en tus altavoces mientras tú bailabas con tu amiga que llora por su ex, o con tu ex, o con la amiga de tu ex. Todo es posible cuando uno solo quiere bailar.
Hoy, más de una década después, ‘Solo quiero bailar’ es lo más parecido a un meme sonoro: te hace gracia, te da ternura y, al mismo tiempo, te acuerdas de esa noche en la que todo se fue a la mierda y decidiste que lo mejor era eso, bailar. Porque a veces no se trata de olvidar, sino de no pensar demasiado. Y si tienes que pasar página, que sea con una coreografía de por medio. Porque Zenttric lo dejó claro en su testamento musical: cuando todo falla, cuando ya ni las indirectas en Instagram funcionan, cuando la dignidad está a punto de pedirte el divorcio… tú, tú solo quieres bailar. Dale al play:



