Carlos Ares ha dejado atrás las primeras luces del éxito para adentrarse en una oscuridad creativa que no espanta, sino que abraza. Tras el deslumbrante impacto de “Peregrino”, ese debut que en 2024 lo colocó en boca de crítica y público por igual y lo llevó a acariciar varias nominaciones en los Premios MIN, el joven artista gallego se desmarca ahora con una propuesta mucho más áspera, valiente y reflexiva. Lo suyo no es quedarse cómodo en la fórmula, sino zarandearla con nuevos impulsos. Y así, canciones como “Importante”, “Autóctono” y “Días de Perros” han ido pavimentando el camino hacia “Páramo”, un single que no solo es canción, también es declaración de intenciones.
“Páramo” suena a cicatriz, a la voz de quien ha vivido lo justo como para saber que la adultez llega sin pedir permiso y que no todo lo que duele se cura con el tiempo. Aquí no hay filtros ni ornamentos: hay guitarras que raspan, versos que se escupen más que se cantan y una interpretación que mezcla el rock más sobrio con ecos de spoken word, como si Carlos Ares caminara sobre un escenario invisible en medio de la nada. No hay épica gratuita, pero sí un poso de épica íntima, de esa que se construye con cicatrices reales. El videoclip, que llegará en breve, ha sido rodado en un yacimiento arqueológico, como si el propio artista quisiera que su música dialogara con las ruinas del pasado, con la memoria de quienes también pasaron por su propio páramo. Y ahí está él: joven, sí, pero ya con el alma suficientemente vieja como para contarlo así de bien. Dale al play:



