Loquillo acaba de pesentar su nuevo album de estudio. Esta vez vuelve a poner música a una obra poética. Si antes lo había hecho con “La vida por delante” (1994) y “Con elegancia” (1998) donde trataba la obra de diferentes autores, en este caso se centra exclusivamente en el poemario de Luis Alberto de Cuenca.
En este disco, tanto el poeta como el cantante, nos muestran sentimientos que son muy identificadores de su trayectoria personal y profesional: indignación, pasión e incorrección a partes iguales y una profunda carga sentimental, hacen de esta obra el inicio de una nueva etapa en la carrera de Loquillo, y quizá en la manera en la que se entiende el rock adulto en este pais. Es una obra que puede hacer que se tienda hacia la nostalgia, pero realmente es un paso hacia adelante en el rock español.
No se trata de un disco de poemas cantados como ya tantos se han hecho, desde los primeros sobre Machado, hasta los últimos sobre Gil de Biedma, entre otros. En este caso Loquillo interioriza los poemas de Luis Alberto de Cuenca, los hace suyos y los proyecta en un sentido completamente opuesto al que se podría preveer. Es una ruptura en toda regla con los cánones establecidos sobre las adaptaciones de poemas a la música. Y además es un gran album de rock, entendido en la manera que Loquillo lo hace.
El album cuenta con la supervisión en producción de Gabriel Sopeña y Jaime Stinus, clásicos ya en la obra de Loquillo y que hacen que sus discos suenen siempre con ese sello de identidad que los distingue de entre todos los rockeros de habla hispana.
Se trata de un viaje a donde nadie ha ido antes, un viaje en el que, como dice una de las letras del disco, uno nunca camina completamente solo cuando va hacia ninguna parte.

al loco juntarse con tanto facha no le va .