Radiohead
Hay noches que no simplemente ocurren: se quedan.
Flotan sobre el tiempo, como si el universo supiera que no puede expandirse sin rendirles homenaje.
El concierto de Radiohead en el Movistar Arena de Madrid fue una de esas noches.
Después de siete años de silencio desde A Moon Shaped Pool, quince mil personas sintieron a la vez que algo volvía a encajarse. El mundo, quizá. Ellos, seguro.
Abrieron con “Planet Telex”, una canción que no abría un concierto desde 2008.
El suelo tembló, las luces giraron, el aire se volvió eléctrico.
No era solo un regreso, era una invocación. Una experiencia inmersiva, circular, de sonido, imagen y fe.
Entonces apareció Thom Yorke, moviéndose como un predicador que ha visto el futuro y duda si advertirnos o celebrarlo.
Se movía a otra velocidad, ajeno a la gravedad del resto: la banda, el público, el mundo.
Verlo era como presenciar al Joker de Heath Ledger (en la trilogía Batman de Nolan) dirigiendo una sinfonía: genio y peligro, una sonrisa torcida, un caos hermoso.
Esa mirada de quien prendería fuego a la ciudad solo para mirar su reflejo en el cristal.
Luego llegó “There There”.
La primera tormenta.
Perfecta. Precisa. Ascendente.
Un trueno que creció hasta devorarlo todo.
Y justo cuando el relámpago alcanzó su punto máximo, apareció “No Surprises”.
El arcoíris después del fin del mundo…
Las luces se volvieron blancas, luego doradas, y el escenario pareció abrirse para dejar entrar la paz.
La voz de Yorke flotó en el aire y quince mil cuerpos se rindieron, sin resistencia, a la belleza.
Sin saltos, sin gritos. Solo rendición.
Fue la primera gran ovación de la noche: una exhalación colectiva.
Madrid respiró. Por fin.
Era la tercera de cuatro noches consecutivas en la capital —el arranque de una gira mundial que no se sintió como un regreso, sino como una redención.
OK Computer ancló el setlist con seis canciones —“Lucky”, “Let Down”, “No Surprises”, “Paranoid Android”, “Subterranean Homesick Alien” y “Karma Police”— mientras Hail to the Thief equilibraba el conjunto con cinco más, oscilando entre la distopía y la gracia.
Juntas construyeron el esqueleto emocional del concierto, recordándonos que el siglo XXI aún suena a Radiohead.
“Idioteque”, ese grito electrónico, ese caos contenido, fue la alarma de un planeta que ya no escucha.
Y entonces llegó “Just”.
Ausente desde 2009.
Y cuando sonó, la multitud estalló como si alguien hubiera pulsado el botón de reinicio del corazón colectivo.
No era nostalgia. Era resurrección.
Visualmente, el show osciló entre la catedral y la pesadilla digital:
pantallas giratorias, proyecciones mutantes, cuerpos disolviéndose en luz.
A veces no sabías si estabas viendo a Radiohead o a tu propio subconsciente intentando liberarse.
Yorke bailó, giró, se rompió y se recompuso: un médium eléctrico afinado a una frecuencia que nadie más puede alcanzar.
Y “Creep” no estuvo.
Ni falta que hizo.
Porque Radiohead ya no tocan canciones, tocan conceptos.
No repiten el pasado: dictan el destino.
Cerraron con “Karma Police”.
Quince mil voces cantando “For a minute there, I lost myself”.
Yorke sonrió —mitad ternura, mitad amenaza.
Por un minuto, todos nos perdimos.
Y fue hermoso.
Porque ese minuto justificó cada silencio, cada espera, cada invierno.
No fue un concierto.
Fue una alineación planetaria.
Una noche en la que la humanidad recordó lo que se siente cuando todo —absolutamente todo— está en su lugar.
Spoiler: lo estaba.
🌀 Artículo original publicado en Consequence (EE.UU.), medio internacional de referencia para la música alternativa y cultura pop.
Lori Meyers llevan años escuchando que tienen que volver. A Viaje de estudios, a Hostal…
A Fontaines D.C. les habría salido bastante rentable pasarse diez años haciendo «Boys in the…
Aranda de Duero, 2022. Gara Durán y Gabriel Barriuso llevan todo el día intentando componer…
Gijón Sound celebrará su próxima edición del 15 al 18 de abril de 2027 con…
U2regresará a España en mayo de 2027 con tres conciertos en Barcelona y Sevilla, dentro…
Las Petunias cambian de registro con «Era yo la que apuntaba», un nuevo sencillo que…