En Murcia, cuando llega mayo, el cielo azul se despeina y los termómetros marcan la pauta que distingue al sur del resto. Esas son, precisamente, las señas que han marcado una nueva edición del festival WARM UP Estrella de Levante, evento que volvió a demostrar, con un aforo completo de 52.000 asistentes repartidos en dos días, por qué la ciudad se convierte en una capital musical cada primavera. Una edición que, con un cartel equilibrado entre viejos conocidos y nuevos talentos, dejó emociones intensas y momentos para la memoria colectiva del público indie nacional.
La jornada arrancaba con unos Rufus T Firefly mágicos, lisérgicos, ilusionantes, entregados. Una de las bandas imprescindibles del cartel, de la escena y de la vida. Una pena que estuvieran tan pronto porque sus conciertos lucen más por la noche. Pero a ellos les da igual y Julia y Víctor, Víctor y Julia son puro amor musical. Imposible no caer rendidos con ellos (y a su nuevo disco). Y de ahí girando hacia el escenario principal donde Mando Diao dieron el mismo concierto de siempre. Y eso como cumplido. Elegantes, directos, conservadores, pero regalando su «Dance With Somebody» como colofón y alargándolo para deleite del personal.
Pero lo que estaba claro es que el festival llegaba con la cuenta pendiente de Franz Ferdinand, tras aquella tormenta que frustró su actuación hace dos ediciones. Esta vez, con la meteorología rendida a los escoceses, Alex Kapranos y compañía irrumpieron con la solvencia que solo la veteranía ofrece. Presentando su reciente trabajo «The Human Fear», los británicos ofrecieron un set que intercalaba eficazmente nuevos temas con clásicos inmortales como «Take Me Out» o la incendiaria despedida con «This Fire». Nada especialmente novedoso bajo el sol (o las estrellas), es cierto, pero sí una garantía absoluta de fiesta colectiva y sonrisas compartidas.
Carolina Durante, sin embargo, aterrizaban en Murcia con dificultades adicionales. Diego Ibáñez subía al escenario con muletas, una rodilla maltrecha y una operación pendiente, factores que, lejos de aminorar su propuesta, parecieron dar un impulso adicional a un público entregado desde el primer acorde. Los madrileños, en pleno ascenso generacional, ofrecieron una actuación memorable, aunque incomprensiblemente confinados al secundario El Pozo King Upp. Una decisión arriesgada e incomprensible dado su reciente éxito masivo llenando el WiZink Center de Madrid con más de 15.000 personas. El resultado fue previsible: una multitud desbordada y algunos sectores del público que llevaron los pogos a un extremo incómodo y por momentos peligroso, afeando ligeramente lo que, en condiciones óptimas y en el escenario principal, hubiese sido una auténtica fiesta para todos. Aun así, la banda, acompañada de invitados especiales como Marcelo Criminal y Las Petunias, ofreció un concierto que quedará grabado en la memoria colectiva del festival.
El viernes destacó especialmente Zahara, ofreciendo uno de los conciertos más cautivadores y emotivos del festival. Con su reciente álbum «Lento Ternura» como bandera, Zahara desplegó una puesta en escena impecable, llena de teatralidad, emoción y sensibilidad. Su conexión con el público fue inmediata, gracias a un carisma magnético que conquistó cada rincón del recinto, convirtiendo su actuación en un triunfo absoluto del festival.
Fat Dog, desde Londres, ofreció una mezcla explosiva de punk y electrónica que sorprendió gratamente, al igual que Trashi, que sigue conquistando concierto tras concierto en una escalada constante y admirable.
Por su parte Mikel Izal logró conectar especialmente con el público interpretando «El Paraíso» y sobre todo las canciones emblemáticas de su antigua banda, algo que no deja de ser una señal ambigua sobre su presente artístico.
Otra de las bandas que conquistaron fueron Niña Polaca, continuando su particular historia de amor con Murcia. Su conexión con el público permanece intacta y vigorosa. Acierto absoluto. Y la cara triste de la moneda la protagonizaron Varry Brava que anunciaron un descanso temporal tras una actuación llena de energía y emoción, dejando un mensaje de nostalgia y abandono (aunque también de esperanza para el futuro) que emocionó a los asistentes. Una guinda agridulce que Neoverbeneo se encargaron de iluminar con una sesión marca de la casa, con temazos para cerrar una jornada como tocaba: bailando y riendo.
La jornada del sábado tuvo en Fangoria otro de sus grandes hitos. Alaska y Nacho Canut salieron al escenario principal dispuestos a ofrecer exactamente lo que el público esperaba: un espectáculo vibrante repleto de hits atemporales. La sucesión imparable de temazos, desde clásicos hasta los más recientes, coreografías llenas de color y una atmósfera de celebración constante convirtieron su concierto en una auténtica fiesta. La energía y el amor que Fangoria transmitió desde el escenario llegaron hasta el último rincón, dejando una sensación generalizada de felicidad y satisfacción en el público.
Amaia y Sexy Zebras también destacaron, cada uno en su estilo. Amaia, quien debutaba hace seis años en este mismo festival, volvió convertida en una estrella consolidada. Su concierto fue una delicada y cálida demostración de talento y dulzura, coronada con una emotiva versión de «Santos que yo te pinte» de Los Planetas. Sexy Zebras, en las antípodas, desataron esa tormenta de energía gamberra que acostumbra a poner patas arriba cualquier recinto que pisan, certificando que su último álbum, «Bravo», es mucho más que ruido: es actitud y pasión descarnada.
Y si hablamos de emociones puras, no podemos pasar por alto a Alcalá Norte. Los madrileños, grupo revelación del año, lograron conectar visceralmente con el público murciano. Desde el gesto inicial lanzando una bota de vino hasta el éxtasis emocional que significó la interpretación de «La Vida Cañón», quedó claro que estamos ante una banda que está en el camino correcto hacia la consagración, mientras que la decepción internacional llegó con M.I.A., cuyo espectáculo resultó mucho menos emocionante de lo esperado: irregular, corto, pobre en visuales y con escasas coreografías, su actuación dejó frío a un público que esperaba mucho más. Ni los fuegos artificiales maquillaron un concierto que M.I.A. no hubiera dado en otro momento de su carrera. O en otro escenario. Menos de una hora de concierto no se habría atrevido a hacer en New York. O en Londres. En Murcia, ese público entregado de las primeras filas se merecía más. ¿La disfrutaron? Por supuesto. Pero eso no quita para que ella sepa que no lo dio todo. Ni siquiera la mitad.
Mientras tanto, en el escenario pequeño, Baiuca confirmó su excelente estado de forma, fusionando electrónica y folklore en una actuación llena de misticismo y energía ancestral. Y Shego enamoraron con un directo rabioso que nos demuestran porque son una de las bandas más relevantes y necesarias de la escena actual.
Y no podemos olvidarnos de unos Dorian, fiables, acertados, valor seguro, que combinaron a la perfección sus éxitos más icónicos con algunos de los temazos de su más que notable último disco «Futuros Imposibles», y unos Siloé, despidiéndose varias veces, presentándose varias veces, pero haciendo que todo su público corease a una voz «Todos los besos», «Si me necesitas, llámame» o «Que merezca la pena» como previo a unos Crystal Fighters que no defraudan jamás y siempre te sacan unos pasos de baile y unas sonrisas con temas como «Love Natural»… Y para acabar la noche, la electrónica tuvo momentos interesantes, como Polo & Pan ofreciendo un cierre más que decente con su house tropical, capaz de trasladar al público a un universo paralelo donde la música es combustible puro para el baile colectivo.
La séptima edición del WARM UP Estrella de Levante concluyó así con un saldo claramente positivo. Un cartel diseñado con precisión quirúrgica, quizá le faltó algo más de cuerpo, que reafirma a Murcia como parada obligatoria en el circuito festivalero nacional. Al final, las 52.000 almas que llenaron La Fica fueron testigos privilegiados de que la música sigue siendo la mejor excusa para encontrarse, reencontrarse, abrazarse y disfrutar juntos. Porque, en definitiva, la música es eso: comunión, energía y recuerdos imborrables.



