Una década después de aquel primer suspiro convertido en disco, Veintiuno culmina su viaje emocional y artístico con “La Balada de Delirio y Equilibrio”, su quinto trabajo de estudio, un álbum que huele a cierre, a cicatriz que ya no escuece pero que sigue contando la historia. Como si el tiempo se doblara para devolverlos al origen, el broche final llega con “La la Land”, una canción escrita a cuatro manos junto al mismísimo Iván Ferreiro, ídolo, espejo y compañero de viaje de aquellos chiquillos que en 2015 homenajeaban a Los Piratas con su “Llama y Gasolina”. Todo vuelve, aunque sea disfrazado de algo nuevo. Y aquí vuelve la emoción.
“La la Land” no es solo una canción, es una declaración de principios. De esos que se escriben después de perder, ganar, y volver a perder sin que el juego se detenga. La letra es un poema roto que se reconstruye a golpes de honestidad: “Tal vez quería ganar aunque deteste el juego, entrar siempre a matar, y arrepentirme luego”. Diego y Ferreiro firman una de esas piezas que no buscan el aplauso inmediato, sino el nudo en la garganta y el pellizco en el pecho. Un canto al volver a empezar, con ese aroma a despedida que sólo traen las canciones que duelen bonito.
La producción, sutil y precisa, permite que cada palabra flote sobre la melodía como una confesión susurrada al oído. Y el disco, como un todo, se siente como el final de un capítulo largamente escrito: el equilibrio imposible convertido en arte posible. Veintiuno no solo ha sacado un disco: ha cerrado un círculo. Y, como dicen en la última línea, ya ha pasado un año. Volvamos a empezar. Dale al play:



