Hoy las canciones que dan cosica viajan por «Un día en el mundo» hasta «Copenhague» porque si alguna vez pensaste que una canción podía ser poética, existencial y un pelín pretenciosa al mismo tiempo, probablemente estabas escuchando «Copenhague» de Vetusta Morla. Esta joyita indie que se coló en «Un día en el mundo» no solo nos enseñó a dejar que la vida nos lleve por donde quiera, sino que también nos recordó que “dejarse llevar” (reflexionar sobre la existencia) suena muy bonito (y es muy fácil) cuando tienes un buen estribillo de fondo y cero presión para pagar la hipoteca. Sí, porque «Copenhague» tiene ese aire de profundidad lírica que te hace sentir listo, incluso si no entiendes del todo de qué va.
La canción abre con un tipo corriendo porque, según parece, nadie le enseñó a andar. Claro, ¿quién necesita caminar cuando puedes lanzarte al vacío existencial con un ritmo pegajoso de fondo? Él corre hacia “luces pálidas”, y aunque nadie nos explica si esas luces son de neón, de un aeropuerto o de un after en plena decadencia, todos nos sentimos identificados. Luego aparece ella, que huye de espejismos y mares. La pobre Alicia, sin ciudad ni brújula, se convierte en un símbolo del eterno ir y venir de los aeropuertos. Porque, ¿qué es la vida si no un eterno embarque sin destino claro? (Y sin maletas facturadas, que nadie tiene tiempo para eso).
Por si te lo estabas preguntando, no, esta Alicia no tiene nada que ver con gatos parlantes o reinas decapitadoras. Es más bien la protagonista de «Alicia en las ciudades», la peli de Wim Wenders que nadie vio, pero que ahora todos mencionan para parecer más interesantes en la sobremesa. Alicia es una niña sin raíces, sin rumbo, justo lo que necesitas en una canción que explora las migraciones, los cambios de vida y el fenómeno de buscar un nuevo lugar donde empezar de cero. Vetusta Morla, en su infinita sabiduría, toma estas referencias y nos las lanza a la cara con un estribillo que nos obliga a cantar con una copa de vino en la mano: “Dejarse llevar suena demasiado bien”.
La metáfora del canal que desemboca en el mar, con su corriente guiando el camino, es pura poesía para quienes todavía creen que la vida tiene un sentido lógico. Spoiler: no lo tiene. Y aunque el preestribillo parece sacado de una postal de Nyhavn, ese famoso canal de Copenhague lleno de casas coloridas, Vetusta Morla se las arregla para convertirlo en algo mucho más introspectivo. Porque aquí no se trata de turismo, se trata de mirar al agua y reflexionar sobre tu vida mientras todos los demás duermen. Profundo, ¿eh?
Pero lo mejor llega al final, cuando ella se quita la ropa (tranquilos, no se convierte en una canción de reguetón) y sueña con despertar en otro tiempo y en otra ciudad. Lo que parecía una meditación sobre aeropuertos y decisiones vitales se convierte en un canto a la resiliencia, al coraje de empezar de nuevo y, por supuesto, a las ganas de mandarlo todo al carajo para reinventarte en un lugar diferente.
«Copenhague» es, sin duda, una de esas canciones que te dejan con ganas de replantearte toda tu existencia. Y aunque suene como una oda a los riesgos y los comienzos inciertos, también es un recordatorio de que, a veces, dejarse llevar puede ser la mejor decisión, incluso si no sabes dónde vas a terminar. O empezar. Dale al play:
Y como bonus track, esta versión de Valeria Castro:



