Si la vida viniera con BSO para los días difíciles, “Sargento de Hierro” sería la pista que sonaría mientras finges que no pasa nada aunque por dentro te esté cayendo la mundial. Y es que quizá Morgan no lo sabían, pero lo que pensaban que era una canción se convirtió en un parte de guerra sentimental con piano, metales y una voz que te atraviesa. No es un tema para escuchar de fondo mientras cocinas, es para cuando miras al frente sin pestañear y te preguntas en qué momento se torció todo.
“Sargento de Hierro” fue de las primeras veces que el grupo se pasó al castellano. Y lo hizo para pedir auxilio. Nina —Carolina de Juan— empieza casi en susurro, con esa fragilidad que suena a “estoy bien” dicho por alguien que (claramente) no lo está. “Nubes en los ojos”, “nudo en la garganta”… o sea, el kit básico del duelo cuando todavía no sabes que estás en duelo. Y cuando pensabas que no iba a doler más, la letra suplica esos “cúrame viento”, “cúrame tiempo”. No es poesía bucólica, es alguien pidiendo a fuerzas invisibles que hagan el trabajo que no puede hacer porque bastante tiene con no desmoronarse en el sofá.
El contraste es que mientras el título promete dureza, lo que encuentras es vulnerabilidad. Ese “sargento de hierro” es tu voz interior obligándote a mantenerte en pie cuando lo que te pide el cuerpo es tumbarte en el suelo del salón y negociar con el techo. Pero es que musicalmente la canción hace lo mismo, arranca desnuda, casi temblando, y poco a poco se va armando hasta que entran metales y guitarra como si el dolor hubiera decidido vestirse de épica. Y cuando suena “sálvalos a ellos”, la canción deja de ser individual y se vuelve (casi) un ruego colectivo.
Incluida en Air (2018), el tema habla de algo que nadie quiere protagonizar pero todos hemos sido… La persona que no se despidió. La que no dijo “te quiero” a tiempo. La que ahora le pide al tiempo que haga de enfermero mientras aprende a convivir con la ausencia de quien ya no está. Dicen que sí, que al final cura, pero mientras tanto, “Sargento de Hierro” hace de yeso emocional sujetando huesos rotos para que, al menos, puedas seguir caminando. Aunque sea cojeando. Y con muletas. Dale al play:



