Desde aquella colisión histórica entre Fangoria y Sara Montiel no se había producido un encuentro tan improbable, tan simbólico y tan necesario. Rodrigo Cuevas y Massiel se dan la mano en “Un Mundo Feliz”, una canción que no busca provocar por sistema, sino recordar algo mucho más incómodo: la libertad no necesita justificación. El primer verso, entonado por Massiel con una sonrisa que se oye incluso sin verla, ya marca el tono de lo que viene después, un lugar donde el sol sale todos los días, los ricos no van al espacio y nadie tiene que esconder quién es. No hay ironía forzada ni sarcasmo impostado, hay deseo formulado en voz alta y cantado sin miedo al qué dirán.
La canción funciona como una utopía doméstica construida desde el humor, la exageración y una lucidez que solo tienen quienes han vivido lo suficiente y han sobrevivido a épocas, digamos, poco amables (dejemos pasar aquel episodio de Tómbola, por ejemplo)… Cuevas —Premio Nacional de las Músicas Actuales en 2023— y Massiel —ganadora de Eurovisión en 1968 con “La, la, la”— están separados por más de cuatro décadas, pero coinciden en algo esencial, mostrarse tal y como uno es sigue siendo un acto político. Escrita junto a Eduardo Cabra, “Un Mundo Feliz” combina piano elegante, guiños electrónicos y un estribillo que deja el chiste a un lado para convertirse en un canto directo a la autoafirmación: “Si quieres hacerlo, aquí lo puedes hacer / si quieres serlo, aquí lo puedes ser”. No hay trampa ni cartón, solo una invitación clara a vivir sin corsés ni manual de instrucciones.
Y como no todas las canciones llegan (solo) para entretener, “Un Mundo Feliz” aparece como una postal de un lugar que no existe, pero que debería. Cuevas y Massiel no se encuentran para celebrar el pasado, sino para señalar una posibilidad. El valor de esta colaboración no está solo en lo simbólico, sino en lo que despierta, ese instante íntimo en el que entiendes que muchas veces no faltaba valentía, sino contexto. Cantan un mundo donde nadie se esconde y donde la emoción manda más que la norma. Y cuando la canción termina, queda esa sensación incómoda y hermosa a la vez, quizá no vivimos en un mundo feliz, pero todavía podemos imaginarlo. Y a veces, imaginarlo es el primer paso para empezar a construirlo. Dale al play:



