
París tiene la Torre Eiffel, el Louvre y una curiosa capacidad para decepcionar a quienes llegan convencidos de que van a vivir dentro de una película. Fangoria ha decidido convertir ese desencanto en canción. Alaska y Nacho Canut presentan el videoclip de «El síndrome de París», una de las canciones de La verdad o la imaginación, su último álbum. El título hace referencia a un fenómeno asociado a la distancia entre la ciudad idealizada y la que uno encuentra al llegar, aunque aquí la decepción va bastante más allá del turismo. La letra habla de promesas incumplidas, expectativas que se derrumban y el momento en el que uno descubre que llevaba tiempo intentando justificar lo injustificable. Puede tratarse de una ciudad, una relación o una idea de futuro. Lo importante es saber cuándo marcharse. Y hacerlo, si es posible, sin perder el sentido del espectáculo.
El vídeo está dirigido por Javier Biosca, responsable también de la identidad visual de esta nueva etapa de Fangoria, desde la portada del disco hasta las fotografías promocionales y el videoclip de «Me voy». Una continuidad estética que encaja con la intención del dúo de construir un trabajo más conceptual. Para La verdad o la imaginación, Alaska y Nacho Canut recuperaron el formato de álbum con doce canciones nuevas, algo que no hacían desde 2016, y confiaron toda la producción al neerlandés Matt Pop. También decidieron grabarlo en un único país y un único estudio, una forma de dar cohesión a un repertorio que gira alrededor de las apariencias, las expectativas y la distancia entre lo que imaginamos y lo que realmente sucede. El disco alcanzó el número uno en ventas de vinilos durante su primera semana. A estas alturas, Fangoria sabe perfectamente que el envoltorio también forma parte de la canción.
El estreno coincide con otro reconocimiento para Alaska, distinguida por la Academia Latina de la Grabación con el Premio a la Excelencia Musical 2026. Un galardón que reconoce una trayectoria que comenzó mucho antes de Fangoria, atravesó la Movida madrileña y ha sobrevivido a varias generaciones de modas musicales. Basta recordar los cuarenta años de No es pecado, de Alaska y Dinarama, para entender de dónde viene buena parte de esa historia. Nacho Canut y Alaska llevan décadas demostrando que reinventarse no consiste necesariamente en cambiar de personalidad cada dos discos, sino en encontrar nuevas maneras de seguir siendo reconocibles. En «El síndrome de París» vuelven a una de sus especialidades, convertir una decepción sentimental en una canción que se puede bailar. Porque idealizar está muy bien hasta que llega la realidad, te enseña las facturas y descubres que el amor de tu vida tampoco sacaba la basura. Entonces queda despedirse, desdramatizar y buscar otra cosa. París seguirá estando allí. La imaginación, de momento, también. Dale al play:





