No todo el mundo se encuentra a sí mismo en un retiro espiritual ni leyendo a Paulo Coelho en una habitación blanca con vistas al mar. A veces ocurre en Berlín, en una línea de metro, a las 6 de la mañana, sudando vodka barato, decepciones recientes y con el bajo golpeándote el pecho como si quisiera desalojar una versión tuya que ya no funciona. «Berlin U5» (de Zahara) empieza exactamente ahí, en una rave de Nochevieja. Y no es una postal cool ni una huida elegante. Es un trayecto real. De metro. Con trasbordos, empujones y cara de no haber dormido. Subes, bajas y, si tienes suerte, llegas siendo un poco más tú y bastante menos lo que esperaban de ti.
La historia real sucedió en 2019. La pandemia nos encerró en 2020 y el mundo se acababa. La canción salió en 2021 y nos ha servido de recuerdo estos años… Visto como esta el universo Trump estos días lo mismo es necesario volver a ella, por lo que pueda pasar… Y es que la letra parece hablar de amor, pero eso es solo el disfraz. En realidad habla de soltar, que es una palabra muy bonita hasta que intentas practicarla. Ese amor salvaje que muerde después de besar es también la identidad cuando llevas años intentando hacerla encajar para no molestar. “Llévame a bailar”, repite Zahara, pero no como súplica romántica, sino como orden directa. Bailar aunque quieras llorar. Bailar aunque no entiendas nada. Bailar aunque el universo tenga un plan —spoiler: siempre lo tiene y no siempre gusta—. Bailar porque quedarse quieta ya no es una opción. Aquí no hay empoderamiento de manual ni frases subrayables, hay una tía moviéndose para no desaparecer. Y con eso basta.
Musicalmente, «Berlin U5» no promete nada que no pueda cumplir. Electrónica seca, pulso constante, tensión contenida y ese subidón tic tac tic tac tic tac tic tac tictactictac. A propósito. Como la vida. Zahara y Martí entienden que la pista no es el premio, es el sitio donde aguantas. Dentro de PUTA, la canción consuela suspendiendo el juicio durante 4 minutos para que puedas seguir sin pensar demasiado. No hay mensaje oculto ni moraleja exportable a LinkedIn. Solo un cuerpo bailando porque no quiere quedarse quieto. Porque todavía puede. Y porque eso es lo único que importa. Dale al play:



