“Ten un plan, luego haz caso a nadie.” Esa línea de ELYELLA y Viva Suecia (ahora mítica) sirve de frase para camiseta y también simboliza una forma de vivir que o te parece irresponsable o te salva la vida.
“Todo lo que importa” no llegó como colaboración simpática entre colegas de camerino, surgió como choque frontal entre dos maneras de sentir la música. ELYELLA ponen la electricidad, Viva Suecia ponen el drama. Y de ese cruce nació un himno para bailar, para festivales y para tu casa cuando nadie mira y gritas como si fueras Tarzán. O Xena, la princesa guerrera.
Entrando en faena, ese “tengo más de lo que quise ser que lo que he conseguido” confiesa la sensación de estar cansado sin haber corrido ninguna maratón. Adulto funcional por fuera, incendio controlado por dentro. Pero hay salvación (como dirían Arde Bogotá) porque “ya no está tan mal visto restar el valor añadido” y lo que parece un lema metafísico es, en realidad, una forma de quitar presión, de evitar que vivas en una oposición constante. Adiós al autosabotaje. Bájate del Ferrari imaginario que nadie te pidió conducir.
Y así, deslizándote, llegas a la explosión definitiva y volvemos a “ten un plan, luego haz caso a nadie.” Porque las opiniones son gratis y los consejos suelen venir de gente que no va a vivir tus movidas. Ni de cerca. Por eso la canción se vuelve peligrosa. Y mientras tú estás ahí, entre la euforia y el vértigo, la producción hace exactamente lo que cuenta la letra. Las guitarras de Viva Suecia empujan hacia la épica, y la maquinaria electrónica de ELYELLA —con Pau Paredes y Joni Antequera (Amatria) metiendo mano en la cocina— convierten la tormenta en combustible de pista.
Grabada con Raúl de Lara, mezclada para sonar enorme y rematada en Sterling Sound por Ted Jensen (sí, el de Muse, Arcade Fire… poca broma), la canción tira del cuerpo hacia el presente. Cabeza ardiendo, pies moviéndose. La emoción y la pista de baile no intentan resolver el conflicto, lo aman (guiño al título original). Porque “Todo lo que importa” habla de lanzarte, de querer, de darlo todo flotando al margen mientras lo importante sigue en el aire. Y ya tú decides si respiras o contienes el aliento. Dale al play:



