La 68.ª edición de los Grammy fue una de esas noches en las que la música dejó de ser solo espectáculo para convertirse también en mensaje. Sin el clásico pulso entre Taylor Swift, Beyoncé o Adele, el foco se desplazó hacia un palmarés diverso y hacia un clima político imposible de ignorar. Kendrick Lamar fue el gran nombre propio en lo estrictamente musical, transformando cinco de sus nueve nominaciones en premios y ampliando una carrera que ya es referencia absoluta en el rap contemporáneo. Pero el momento más simbólico llegó con Bad Bunny, que se llevó el Álbum del Año por “DeBÍ TiRAR MáS FOToS”, consolidando un hito para la música en español dentro de la industria estadounidense.
Más allá de los trofeos, varios discursos marcaron el tono. Bad Bunny no evitó el tema migratorio y lanzó un claro “Fuera ICE” desde el escenario, en referencia a las políticas y redadas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos. El mensaje conectó con una parte importante de la comunidad artística que viene denunciando el impacto de estas medidas en familias migrantes. El presentador Trevor Noah también deslizó comentarios críticos en su monólogo, mientras otros artistas apelaban a la empatía y a la dignidad de quienes viven entre fronteras físicas y administrativas.
En lo estrictamente musical, la noche confirmó la amplitud del mapa global. Billie Eilish y Finneas volvieron a imponerse en Canción del Año, The Cure destacaron en alternativo, Turnstile sorprendieron en rock y Tame Impala volvió a unir psicodelia y electrónica. Además, el K-pop vivió un momento histórico al conseguir su primer Grammy en la categoría de Mejor Canción para Medios Audiovisuales con “Golden”, señal de que el pop asiático ya no es tendencia sino parte estable del tablero internacional. Los Grammy 2026 premiaron discos y canciones, sí, pero también dejaron claro que la música global ya no se puede separar de la conversación social que la rodea. Disfruta de la gala continuación:






