Hay canciones que se te meten en la cabeza y no se van ni con agua caliente. “Wonderwall” de Oasis es una de ellas. Puede que la odies, que la hayas tocado en cada fiesta de guitarra barata o que te haya flipado tanto (cuando estabas en la uni) que hayas querido sacar la letra escuchándola en ese césped universitario al lado del estanque de los patos, tumbada, escribiéndola en tu libreta de Hello Kitty (porque en esa época no buscábamos las letras por internet, y era tan difícil descifrar a Oasis en su inglés de Manchester como a J de Los Planetas… de hecho con J aún no lo hemos conseguido). Pero sigue ahí, como el Wi-Fi del vecino, como los artículos que aseguran que la música de antes era mejor. Y lo peor (o lo mejor) es que, en este caso, probablemente sea cierto.
Allá por 1995, en un Reino Unido donde los flequillos tenían más volumen que las ideas del Parlamento, Oasis sacaron “(What’s the Story) Morning Glory?” y decidieron convertir a medio planeta en fans del Britpop sin saber exactamente qué demonios era el Britpop. Entre riffs sencillos, arrogancia bien empacada y peleas de hermanos dignas de sobremesa de Antena 3, los Gallagher soltaron “Wonderwall” y, sin saberlo, fundaron la religión del “maybe”. Que no es un sí, ni un no. Es ese limbo emocional donde se graban las maquetas, se mandan mensajes a las tres de la mañana y se inventan las excusas más elaboradas para no quedar.
La canción la escribió Noel Gallagher, el mayor de los dos hermanos, y también el más dado a decir frases que podrían estar bordadas en cojines de terciopelo: “Es para un amigo imaginario que un día vendrá a salvarme de mí mismo”. Claro que sí, Noel. Como si no supiéramos todos que, en ese momento, tu pareja era Meg Mathews, y que la prensa ya había decidido por ti que era para ella. Luego vinieron los desmentidos, los divorcios y los riffs de negación, pero el daño ya estaba hecho: durante años, cada vez que alguien te decía “Eres mi wonderwall”, era básicamente como si te pusieran una bomba emocional con forma de balada.
Musicalmente, esta canción de Oasis es un hito. Un tema sencillo, con acordes al alcance de cualquier principiante con cejilla, pero con una progresión melódica tan efectiva que sigue funcionando treinta años después. Es una canción que no grita, pero tampoco susurra. Está en ese punto medio en el que los sentimientos se llevan con dignidad, como quien llora en la ducha para que no se note. El estribillo, repetido hasta la hipnosis, es tan efectivo como un anuncio de teletienda: “Maybe you’re gonna be the one that saves me”. O no. Pero tú te quedas ahí, dándole vueltas, como si la respuesta estuviera en la siguiente estrofa.
¿Y qué demonios significa “Wonderwall”? Según Liam, el menor y más gritón de los Gallagher, se lo sacaron del disco en solitario de George Harrison, “Wonderwall Music”. Así, sin más. “Lo robé. Demandadme”. Esa es la clase de honestidad que solo puede permitirse alguien que ha salido en todos los tabloides británicos por liarse a puñetazos con su hermano en pleno backstage. Pero esa apropiación beatle, en lugar de restarle magia, le añade un punto de mística y herencia pop que haría salivar a cualquier devoto de Abbey Road.
Y si hablamos de trascendencia cultural, “Wonderwall” es básicamente el “Imagine” del pop de pub. Sonó en todas las radios, en todas las tiendas, en todos los corazones adolescentes con acné emocional (la recuerdo sonando en Drumon nuestro mítico bar de cabecera de la época). Fue (y sigue siendo) la canción que unía a modernos con resaca y a boomerangues emocionales que volvían siempre al mismo mensaje: “After all, you’re my wonderwall”. Es decir: no sé qué quiero, pero creo que eres tú. O quizá no. Pero quédate igual.
A día de hoy, suena en bodas, funerales, TikToks y en el cerebro colectivo como un virus que en vez de estornudos deja nostalgia. Y eso tiene mucho mérito. Porque en una época en la que todo dura lo que un scroll, que una canción se mantenga viva sin necesidad de revival Netflix es casi milagroso.
Así que sí, “Wonderwall” de Oasis da cosica. De la buena. De la que te transporta al primer amor que no funcionó, al primer “maybe” que dolió más que un “no”, a ese momento en el que entendiste que hay canciones que te salvan aunque no lo digan del todo claro. Y mientras los Gallagher son noticia por su gira mundial (vendiendo entradas como si no hubiera un mañana, rollo divas valientes y poderosas, a ver si no la lían esta vez), su pared maravillosa sigue en pie. Repleta de grietas, sí. Pero también de historias, acordes y gente que aún cree que el amor empieza con una guitarra acústica y acaba con un “quizás”. Porque después de todo… you’re (M)y wonderwall. Dale al play:






