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“The Manifesto” de Gorillaz: Trueno, Proof y Damon Albarn en el corazón de “The Mountain”

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Gorillaz
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Gorillaz no hacen discos: abren portales. Y “The Mountain”, su nuevo álbum previsto para el 20 de marzo de 2026, se antoja como el más ambicioso desde “Plastic Beach”. La banda virtual de Damon Albarn y Jamie Hewlett vuelve a desdibujar los límites entre lo real y lo animado, entre lo geográfico y lo espiritual. Y lo hace con un segundo adelanto, “The Manifesto”, que nos deja con la mandíbula en la acera. En él, Trueno –sí, el argentino ganador del Latin Grammy– comparte pista con Proof, el difunto miembro de D12 y viejo camarada de Eminem, en un tema que parece grabado en la ladera de algún Himalaya emocional, entre ritmos punzantes, versos en castellano y misticismo sonoro importado desde Jaipur. Hay bansuris, sarods, un coro bautizado como The Mountain Choir y hasta restos de freestyle rescatados de la eternidad.

Lo que sorprende no es solo la nómina de colaboradores –que incluye también a Johnny Marr, Sparks, Bizarrap, Asha Bhosle o Black Thought–, sino cómo Albarn logra que todos habiten el mismo universo sin pisarse los talones. “The Manifesto” no es solo una canción: es una declaración de principios. Siete minutos en los que Trueno rapea sobre el tiempo, la fe y la muerte con una lírica de puño cerrado y pupila temblorosa (“Mami, mi futuro me reclama…”), y donde Proof aparece como un eco final, desgarrador y glorioso, como si quisiera cerrar el círculo que empezó con “Clint Eastwood”. Hay épica, sí. Pero también piel. Una canción que parece tallada en mármol y que respira como si tuviera pulmones humanos.

Con este tema, Gorillaz nos recuerdan que aún pueden ser el grupo más relevante del planeta sin necesidad de ser reales. El álbum, que se grabó entre Londres, Mumbai, Nueva Delhi, Los Ángeles y Damasco, promete ser un atlas emocional y musical. Y si “The Manifesto” marca el tono, podemos esperar una obra monumental, transversal y profundamente conmovedora. En tiempos de algoritmos, Gorillaz siguen escribiendo a mano. Con manchas de tinta. Y con el corazón latiendo en cada verso. Dale al play: