«Allí donde solíamos gritar», una de las canciones más recordadas de 1999, el álbum de Love of Lesbian publicado en 2009.
¿A que no sabes dónde he vuelto hoy? Barcelona, 1999. Santi Balmes vive una historia tan intensa que, entre recuerdos e imaginación, diez años después aún vive el monstruo y aún no hay paz. Lo normal habría sido guardar las fotos en una caja, cambiar de teléfono y fingir que todo estupendo. Él hizo lo contrario. Love of Lesbian grabarían catorce canciones y llamarían al disco 1999 (o cómo generar incendios de nieve con una lupa enfocando a la luna). Salió en marzo de 2009, producido por Ricky Falkner. Y empezaba con alguien que regresaba al lugar donde había sido feliz. O algo parecido.
Balmes lo planteó como un álbum de fotos de una relación. Los protagonistas recorrían el enamoramiento, las discusiones y la despedida. Pero había trampa. El cantante reconoció que la memoria había añadido cosas que nunca ocurrieron. Amor-ficción, lo llamó. En «Allí donde solíamos gritar» quedaban unos bancos donde escribimos, medio a oscuras, sin pensar, todos los versos de «Heroes» con las faltas de un chaval. Aún están. Arqueología sentimental. Sin subvención del Ministerio de Cultura.
También había un cuchillo de plástico donde solía haber metal y el libro extraño que te echó de párvulos. Sus hojas tuve que incendiar. Años después, un seguidor preguntó qué significaba aquello. Balmes explicó que, en su caso, era Las flores del mal, de Baudelaire. Un poeta maldito, un amor que se acaba y David Bowie. Casi nada. Cuando le preguntaron dónde estaba ese lugar al que volvían para gritar, contestó que eran las canciones. El desahogo creativo. O sea, aquel sitio no necesitaba coordenadas ni Google Maps. Bastaba con poner un disco.
1999 les dio su primer disco de oro. 2009 también fue el año en que nació Corrientes Circulares, cuando las entrevistas se pedían por MySpace y un tal Santi contestaba personalmente. Desde entonces han pasado diecisiete años. Hay amores que ya no existen, hierros que separan la caída más brutal y siguen las dos iniciales que escribimos con compás. Pero seguimos volviendo. Donde solíamos gritar. Siendo grito y cristal. Y ya hay paz. Hay paz. ¿Por quién gritaba? Lo sé y tú no. No preguntabas. Tú nunca, no. Dale al play:
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