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Canciones Que Dan Cosica: «Centro de Gravedad Permanente» de Franco Battiato

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Franco Battiato
Franco Battiato
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Hay canciones que sirven para presentar una tesis ante un tribunal. También están las que te acompañan en un taxi hasta un aeropuerto el día que crees que algo comienza pero en realidad termina. Y todas ellas confluyen en “Centro de gravedad permanente”, que te mira a los ojos y te dice “ordénate, campeón, que das más bandazos que tu vida amorosa”. Franco Battiato diseñó un manual de estabilidad espiritual camuflado en synth-pop que parece hecho con el Casio de tu primo y la biblioteca de un monje sufí.

Corría 1981. El rock venía de años de fliparse muchísimo y el pop empezaba a ponerse sintético, brillante, un poco de escaparate. En mitad de ese cambio aparece este siciliano con cara de funcionario hablando de emperadores Ming, jesuitas disfrazados y contrabandistas nocturnos. Normal que nadie entendiera nada… Detrás estaba Gurdjieff y su idea incómoda de que vivimos en piloto automático y somos un caos con piernas si no tenemos un eje interior. Battiato a eso lo llamó centro de gravedad.

Lo brillante es que mientras tú la tarareas el tipo te está soltando una hostia filosófica traducida a no cambiar de idea sobre las cosas y la gente cada vez que sopla el viento. Y encima se permite vacilar a medio mundo porque no soporta la falsa música rock, la new wave española, el punk inglés… Battiato era ese señor elegante que te criticaba todo el armario.

En 1985 (bonito año) la publica en castellano y aterriza en España en el momento exacto, con un país saliendo de años de grisura. Un hervidero donde convivían Barón Rojo, Radio Futura, Loquillo, Nacha Pop, Alaska… la modernidad recién estrenada con hombreras. Y en medio de ese parque temático de identidades apareció trajeado hablando de filosofía oriental sobre bases electrónicas. Era como colar un tratado espiritual en una pista de baile. Y coló.

Y luego está el estribillo en inglés, “Over and over again”, como si la vida fuera un loop de modas, ideologías y dramas repetidos hasta que encuentras ese punto fijo que no se mueve y de repente todo es “Happy” como en la canción de Pharrell Williams. O como si de repente pudieras volver a aquel taxi y no fuera el final… Dale al play: