Hay canciones que no se escuchan, se sobreviven. No están hechas para sonar de fondo mientras friegas los platos o haces cardio, sino para que te miren a los ojos y te digan: “oye, que todos estamos jodidos, pero seguimos aquí”. Y a veces eso basta. “Getting Away With It (All Messed Up)” de James es exactamente eso: una celebración irónica del desastre vital, el himno no oficial de todos los que vamos por la vida como quien corre en chanclas por un suelo mojado. Con miedo. Con estilo. Pero corriendo.
Desde ese primer “are you aching for the blade?” (¿te duele la navaja?), uno ya sabe que esto no va de amor adolescente ni de romances de serie turca. Esto va de caos con banda sonora, de dolor con seguro a todo riesgo. Pero también de seguir adelante, de rescatar algo de belleza en medio del desorden emocional. Y en medio de ese naufragio aparecen Daniel y Grace, dos personajes de esos que podrían estar en cualquier bar, en cualquier historia, en cualquier playlist de domingo por la tarde. Daniel es un tipo al borde del colapso, un alma vieja que bebe como Richard Burton y baila como John Travolta. El clásico que ha visto demasiadas cosas y, sin embargo, aún guarda una carta en la manga. Esa carta es Grace. Una mujer que está en aguas profundas —literalmente, según la letra—, a punto de hundirse, pero que es rescatada por Daniel. Y en ese rescate mutuo está toda la humanidad de la canción: el que salva también se salva. El que rescata también se agarra a alguien para no ahogarse del todo.
La historia de Daniel y Grace tiene algo de mito griego pasado por una resaca de Manchester. Ella está perdida, él está roto. Pero juntos hacen como que flotan. Y eso ya es bastante. De hecho, el propio Tim Booth —voz, alma y probablemente terapeuta vocal de todos los que hemos llorado con este tema— ha contado en varias entrevistas que esos nombres no son aleatorios. Tienen un peso personal, una carga emocional que conecta con vivencias reales de pérdida, redención y renacimiento. O sea, cosicas de las buenas.
Musicalmente, esto es una balada camuflada de medio tiempo, una canción que entra despacio pero se queda a vivir contigo. Su estructura es tan simple como efectiva, con un estribillo que repite “we’re getting away with it, all messed up” (nos estamos saliendo con la nuestra, aunque todo esté hecho un desastre), como si fuera una forma de convencernos de que resistir ya es ganar. Que llegar al final del día sin entender nada, pero con la cabeza aún en su sitio, es un pequeño triunfo. “That’s the living”, dice la canción. Eso es vivir. Y no se puede resumir mejor.
“Getting Away With It (All Messed Up)” da cosica, sí. De la que te acaricia con los nudillos, no con los dedos. Porque te recuerda que la vida rara vez es perfecta. Que los momentos de claridad son breves, que el desorden es la norma y que, en medio de todo eso, aún hay canciones que te salvan sin prometerte nada. Como Daniel a Grace. Como tú cuando decides seguir adelante sin tener ni puñetera idea de qué estás haciendo, pero con la intuición de que algo —alguien— te sostendrá.
Y es que, si alguna vez te has sentido fuera de sitio, emocionalmente averiado o existencialmente al borde del colapso, esta canción es para ti. Y para todos nosotros, que seguimos escapándonos por la rendija del “todo mal pero tiramos”. Porque a veces, querid@s, lo único que podemos hacer es eso: salirnos con la nuestra, aunque todo esté patas arriba. Y cantarlo bien alto mientras abrazamos a alguien, aunque sea a nosotros mismos. Y sí, that’s the living. Dale al play:






