En 2025 ya no se lleva meditar. Ni hacer yoga con una profesora sueca por Zoom mientras tu perro se tumba a tu lado mirándote con amor. No. Lo que se lleva es joderse la vida, como Carolina Durante. Con convicción. Con arte. Con carmín si hace falta, aunque te lo dejes sin poner justo la noche en la que decides no solo joderte la vida tú, sino también la de quien más quieres. Puro drama. Puro teatro. Pura escenificación. Como se ha hecho siempre. Con decisión. Con una playlist de autosabotaje, una camiseta de La Oreja de Van Gogh y la quinta infusión emocional de la semana en la mano. Y, claro, con Carolina Durante sonando de fondo.
Porque “Joderse la vida”, la canción, no es un temazo: es un tutorial. Un how to generacional. Es la canción que suena mientras alguien da un portazo, pierde el último metro o responde un “te echo de menos” con un whatssap diciendo “ok”. Es esa voz que te susurra al oído que ni memes, ni bares, ni viajes, ni polvos, ni amigos. Que mejor dejarlo todo y huir hasta que el cuerpo diga basta. Y luego seguir un poco más. Porque lo más divertido, al parecer, es convertir el desastre en una disciplina olímpica.
La letra es brillante: autodestructiva como un adolescente con la autoestima rota, pero tan consciente que podría impartir una optativa en primero de ciencias: “Introducción al sabotaje emocional (con prácticas)”. Amigos preocupados, madre llamando, hermano advirtiendo. Pero tú ahí, contestando con una sonrisa torcida y el típico “mañana me cuido” que nunca llega. Lo importante es huir. Aunque no sepas hacia dónde.
Y hay algo estúpidamente bello en todo esto. En esa manera de reconocer que no estás bien, pero convertirlo en bandera. En la forma en la que el protagonista de esta canción se mira al espejo, detecta la catástrofe en su cara… y en lugar de arreglarla, le pone nombre. “Joderse la vida”. Y lo baila. Y lo grita.
Quizá por eso esta canción no va de perder, sino de no dejar que nadie vea que estás perdiendo. De cerrarlo todo en falso, pero con estilo. Como cuando te plantas delante de alguien y, en lugar de pedir ayuda, dices “joderme la vida es mi rollo” y te quedas tan pancho, eso si, antes lo has hablado con tus amigas, pura adolescencia emocional. Ni rastro de drama. Solo un gesto seco, sin carmín, sin épica. Puro cinismo millennial con base rítmica.
Y así, jodernos la vida se ha convertido en la forma más sofisticada de decir que “voy a echarte de menos”. Pero en silencio. Con unas Dr. Martens llenas de polvo y un ticket de consumición de aquel bar ilegal que no piensas tirar. Fantástico. Dale al play:



