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Canciones Que Dan Cosica: «Felicidad» de La Cabra Mecánica

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Lichis junto a los músicos de La Cabra Mecánica en una fotografía del grupo
«Felicidad» abrió una de las etapas fundamentales de La Cabra Mecánica y terminó formando parte de Vestidos de domingo.
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La Cabra Mecánica aún no había grabado Vestidos de domingo cuando un técnico de sonido escuchó “Felicidad” y se acercó entusiasmado después del concierto. Estaban teloneando a Celtas Cortos. Lichis llevaba años tocando, repartiendo maquetas por Lavapiés y esperando que algún timbre sonara. Sonó aquel. La canción empezaba diciendo que mata más gente el tabaco que los aviones. En plan rumbita. Una joya.

Lichis estuvo meses encerrado en locales de ensayo. Currar, salir, currar, salir. Tenía un Fostex de ocho pistas y la cabeza puesta en Beck, Tom Waits, Calexico, Kiko Veneno, Juan Antonio Canta o Arístides Moreno. Quería hacer algo más lo-fi, más raro, más suyo. Luego llegaron Alejo Stivel y Fernando Polaino y lo hicieron más traducible. Las letras no las tocaron. Menos mal. Porque uno puede perder el miedo a volar, encender la faria de las grandes ocasiones y en las nubes tener un BMW. Pero luego llegas a casa y hay una nota en el living room con un adiós en los morros. Y desde entonces duermes solo, finito, acabado, caramba. Y pagando los recibos de la luz.

Ahí estaba la gracia. La felicidad aparecía como alguien que sale sola a bailar, se toma dos copas de más y se le olvida que te quiere. Aunque nada más verla le digas a tu sentido común que no te espere levantado. O levantada. Y un poco eso le pasó a Lichis con este tema. Cuando menos lo esperaba, de pronto un día a su puerta llamó la alegría y resulta que tenía su carita y estaba tan rica. Esa felicidad tenía forma de disco.

Vestidos de domingo salió en 2001. Dentro incluía “La Lista de la Compra” y su mítico dueto con María Jiménez que merece un artículo aparte. Por ser historia de España. La industria nunca terminaría de convertir a La Cabra Mecánica en ese fenómeno mainstream que luego pareció recordar todo el mundo. Pero él sobrevivió a la despedida, años en solitario y regresos. Y quizá lo mejor es que diga que ahora sí es razonablemente feliz. Así que igual era eso. O no. Lo de que haces latir mi corazón y sin ti tengo taquicardia. Y a veces necesito un doctor y atraco la farmacia. Felicidad, qué bonito nombre tienes. Felicidad, vete tú a saber dónde te metes. Dale al play: