Las Petunias no escriben canciones, escriben cartas que nunca enviamos. En “Historias de mi madre”, su nuevo sencillo, el trío madrileño firma un canto íntimo a la herencia emocional, a los silencios y gestos que cruzan generaciones. Es una confesión a tres voces —las de Cecilia Soto, Elsa Moreno y Natalia Montes— que suena como si se cantara desde una habitación en penumbra, con una taza humeante entre las manos y la sensación de que por fin estamos diciendo en alto todo eso que callamos durante años. En esta entrega, Las Petunias no solo cantan: conversan con sus madres, se funden con ellas, las habitan y las redibujan a través de un realismo mágico que convierte cada verso en un espejo que devuelve preguntas, heridas y ternura.
Musicalmente, “Historias de mi madre” supone un paso adelante respecto a “Creo que soy de porcelana”, aquel debut de 2024 que ya dejaba pistas de un talento lírico fuera de lo común. Ahora, con producción de Carlos Díaz y la incorporación de Hanna Plum a la batería, el sonido crece en matices y sutilezas sin renunciar a la fragilidad que siempre ha sido su fuerza. La canción es, al mismo tiempo, un abrazo y un bisturí: melodías delicadas que arropan, arreglos que respiran y una sensibilidad casi cinematográfica que convierte cada estrofa en una escena cargada de simbolismo. El videoclip, donde sus propias madres interpretan a las Petunias, eleva el relato a la categoría de ritual emocional.
Lo verdaderamente emocionante de Las Petunias es que no buscan gustar: buscan contar. Y en ese empeño por no fingir lo que no son, nos regalan una de las canciones más honestas del año. “Historias de mi madre” no es solo música: es una conversación pendiente, una carta no enviada, un abrazo que llega tarde pero a tiempo. Una flor que, contra todo pronóstico, florece en otoño. Dale al play:






