A Suede ya no se le espera. Se le celebra. Cada nuevo disco, cada estallido eléctrico de Brett Anderson, es una reafirmación de que hay bandas que no envejecen, sino que mutan. Y así llega «Trance State», tercer adelanto del inminente «Antidepressants» (5 de septiembre), una descarga de guitarras crudas y bajos angulosos que huele a camerino sin luz y suena a confesionario sin cura. “Cuando te derrumbas, te muestras tal cual eres”, ha dicho Brett. Lo dice él, pero lo firma toda una generación que aprendió a levantarse con las rodillas llenas de letras como cuchillas.
«Trance State» no es un tema. Es un estado mental, un puñetazo suave en el esternón. Suede, con la producción fiel de Ed Buller, vuelven a demostrar que saben jugar en la línea que separa la euforia del abismo. La voz quebrada de Anderson camina sobre un riff que escarba en el subsuelo emocional de todos nosotros, buscando verdad en la fractura. Esto no va de reinventarse, sino de recordarnos quiénes eran cuando aún creíamos en todo. Es Suede tocando fondo para rascar belleza desde el fango. El videoclip, monocromo y minimalista, es solo el envoltorio elegante de un regalo lleno de cicatrices.
Y si esta canción es el presagio, «Antidepressants» puede ser el exorcismo colectivo que el indie británico lleva años masticando. “Broken Music for Broken People” no es solo un título: es un epitafio compartido, una invitación al caos hermoso. Con la promesa de un Suede Takeover en septiembre en Londres —conciertos clásicos, acústicos y hasta orquestales—, queda claro que los de Brett Anderson no se han marchado nunca. Porque si algo nos enseña «Trance State», es que la melancolía también puede bailar con botas negras. Y Suede, otra vez, nos lleva del brazo. Dale al play:






