Hay ciudades que no se pueden describir, solo se pueden escuchar. “Madrid, Ext” no es una película, es una mirada. Y su banda sonora, firmada por Guille Galván (Vetusta Morla), no es solo música: es una declaración de amor íntima y compleja hacia una ciudad que a veces parece no quererse a sí misma. El disco, editado por Esmerarte y disponible ya en plataformas digitales (con una edición limitada en vinilo doble a punto de llegar), acompaña el estreno cinematográfico de Juan Cavestany: una suerte de ensayo fílmico sobre la transformación de Madrid en los últimos cuatro años, con sus contradicciones, sus grietas y sus paisajes que respiran más verdad que postal.
Galván no ha compuesto una música para Madrid, sino desde Madrid. Una especie de sinfonía urbana que no suena a épica, sino a verdad cotidiana. Aquí no hay folklore ni nostalgia impostada, sino sonidos extraídos del corazón mismo de la ciudad: el afilador, el metro, una tragaperras encendida, el rumor de una churrería, el ladrido de una memoria. “No tenía que hacer arqueología, sino reconstruir la forma de mirar”, dice Galván. Y eso ha hecho. Con sutileza, con pulso poético, con ese tono melancólico pero resistente que define su trabajo también como letrista.
“Madrid, Ext” no es un viaje turístico, es un mapa emocional. Un archivo sonoro que cruza a poetas y merceras, arquitectos y destructores, ruido y oro. Es Madrid como experiencia subjetiva, la ciudad que no está en las guías pero que todos llevamos encima. Y como banda sonora, es también el reflejo de un artista en estado de gracia que, lejos del escenario de Vetusta Morla, ha encontrado otra manera de cantar sin voz. Dale al play:






