Zoe Gotusso ha encontrado en «No te apartes de mí» un refugio emocional y, al mismo tiempo, una puerta abierta a algo nuevo. Y, además, no lo ha hecho sola, lo ha hecho acompañada de una Rigoberta Bandini que entra en la canción maridando voces para llevarnos hasta las cintas de nuestros padres cuando íbamos en el coche familiar hacia la playa, como cuando escuchábamos a nuestra madre tararear en casa cuando éramos pequeños. La versión, incluida en “Detalles”, ese disco donde Zoe se atreve a reinterpretar a Roberto Carlos desde un lugar íntimo, moderno y con la nostalgia necesaria, respira libertad desde su primera nota. No es una revisión reverencial: es un puente entre generaciones, una lectura delicada y luminosa que convierte un clásico brasileño en un susurro contemporáneo.
El trabajo toma forma gracias a la producción de María Wolff y un desplazamiento físico y emocional que llevó a Zoe hasta Los Ángeles, donde grabó con músicos locales con la precisión de quien sabe que está tocando un mapa emocional ajeno… para hacerlo suyo. Su voz y guitarra crean el suelo; Rigoberta se suma desde un timbre que no compite, sino que abraza. En esa convivencia aparece lo extraordinario: la canción ya no pertenece a Roberto Carlos ni a Erasmo, ni siquiera al pasado que la hizo eterna. Aquí, dos mujeres la reconstruyen desde la sensibilidad, la ironía y la ternura, sin miedo a borrar las líneas y dibujar otras nuevas. Spoiler: funciona mejor de lo que uno espera…
Y funciona tan bien porque no intenta viajar en el tiempo, sino traerlo hacia aquí. “No te apartes de mí” vuelve a pedir lo mismo que pedía hace décadas, pero ahora lo hace con otras voces, otras miradas y otra forma de sostener la ternura sin miedo a que se rompa. Zoe y Rigoberta no actualizan un clásico, lo acompañan, lo sostienen, le dan una nueva piel. Y al hacerlo, la canción regresa al mismo lugar desde el que partió: ese pequeño espacio donde una voz pide que no la dejen sola… y alguien, desde algún punto del mundo, decide quedarse. Dale al play:






